04 noviembre 2009

INSTRUMENTOS MUSICALES JAPONESES:













La música tradicional japonesa (orquesta gagaku) tenía unos instrumentos específicos y no comunes a los instrumentos musicales occidentales, para poder ejecutar la música de la corte:

Sus principales instrumentos, a parte de la voz humana -que podría ser considerada de "cuerda"- ( usada en el teatro Nô) son:

De cuerda:



  • el biwa (laúd en forma de lágrima): Se conoce de dos tipos de Biwa en Japón, el Biwa de 4 cuerdas y el Gogen-biwa o laúd de 5 cuerdas. Instrumentos similares derivados del laúd chino son el Biwa coreano y el Ty-ba vietnamita.





  • el shamisen sustituyó al biwa. Llegado desde China a través de Okinawa, es un laúd de tres cuerdas, con un mástil alargado y delgado, y una caja de resonancia pequeña y redonda recubierta de piel de serpiente (en Okinaa) o de otros animales (en otras zonas de Japón). Adoptado por el teatro kabuki, el samisen se convirtió en el instrumento preferido de las geishas los trovadores ciegos y la música popular.



el koto (cítara de 13 cuerdas),





De viento:

  • las flautas traveseras ,

  • shakutachi flauta de bambú,



De percusión:


  • como el Tsuzumi, un tambor que se lleva al hombro,


  • el enorme tambor Dadaiko, que se toca en posición vertical.


  • mu-yu enorme pez de madera
Seguro que la lista ha quedado incompleta... pero iré completándola.

Saludos, aoi







03 noviembre 2009

RELATO JAPONES: EL SAMURÁI Y LOS 3 BANDIDOS:

Un bello día de verano, un noble samurai, fácil de reconocer por su aspecto de hombre de guerra, los manguitos metálicos, su coraza de 4 placas, y los 2 sables tradicionales, entró con firme paso y tranquilo gesto a un modesto albergue rural. Estamos en el s. XIV, en un pueblo de la gran isla de HonshÛ (isla más grande del Japón, donde se halla Tokio).




Una nube de insectos zumbaba en el aire caliente.


El noble samurai se sienta y encarga un plato de arroz. Se desabrocha la parte alta de su coraza, y deposita con precaución y respeto sus 2 sables. Es el único viajero. Come llevándose los palillos a la boca con un gesto armonioso y preciso. De repente, se oye un jaleo.





Tres hombres, guerreros, vagabundos, sin dueño (Daimio: señor feudal, al cual los samuráis juraban fidelidad), más parecidos en realidad a ladrones de camino real que a auténticos samuráis irrumpen en la sala. Interpelan groseramente al hostalero, reclaman sake, y se sientan estrepitosamente. Las espadas brillan. De repente, uno de ellos se da cuenta de la presencia del samurai silencioso, con la nariz sobre el plato, los dos sables magníficos a su lado. El hombre lo señala a sus compañeros. Los tres bandidos se consultan con la mirada y en voz queda.






El hospedero no cuenta, que no es hombre de guerra.


El samurái se halla solo y confiado a pesar de que ellos son 3. Llevan en sus manos sus espadas, a punto de saltar. En aquel momento, el noble samurai levanta despreocupadamente los palillos que empuña con la mano derecha, y con un gesto seco y neto, rápido como un rayo: “clac, clac, clac”! chafó las 3 moscas que le zumbaban en las orejas, y volvió a ponerse tranquilamente a comer, de nariz al plato.


Los 3 bandidos dejan 3 monedas de cobre encima de la mesa y salen del albergue, en silencio.
Cuando un adepto del Zen, un sabio, se ha liberado de los deseos, de vanidades y de miedos, cuando su yo se ha borrado, cuando se halla abierto al infinito del Atma (palabra en sánscrito que significa el absoluto, el eterno, lo ilimitado, lo infinito, la única realidad) en su interior, entonces pueden vencer sin el sable, sin espada, sin combate.

02 noviembre 2009

Frases útiles en japonés: idioma japonés

Afortunados todos aquellos que puedan viajar a Japón... para ellos he preparado un resumen que no pretende ser completo de frases útiles para llevar... Buen viaje!!!

01 noviembre 2009

Historia: Suicidios inducidos en Okinawa-1945 (?):

Estaba leyendo la novela "Metafísica de los tubos" de Amélie Nothomb, y me topé en el texto con una cita a unos acontecimientos acaecidos en la segunda Guerra Mundial en Okinawa, que se han dado en llamar suicidios. En el libro de Nothomb, se comentan algunos aspectos sobre este tema...pàg. 125-126 "En 1945 en Okinawa, isla del sur de Japón, sucedió -¿qué? No encuentro ninguna palabra para calificarlo.
Fue justo después de la capitulación. Los habitantes de Okinawa sabían que la guerra estaba perdida y que los americanos, ya habían desembarcado en su isla, y se diponían a avanzar sobre todo el territorio.Sabían que la nueva consigna era no continuar luchando.
Hasta aquí llegaba su información. Poco antes, los jefes les habían dicho que los americanos les irían matando hasta el último de ellos; los isleños se quedaron, pues, con esta convicción. I cuando los soldados blancos empezaron a vanzar, la población empezó a recular al mismo tiempo. Y fueron reculando a medida que el enemigo vistorioso iba ganando terreno. Y llegaron al extremo de la isla, que se acababa en un acantilado abrupto suspendido sobre el mar. Y como estaban a punto de matarlos, la inmensa mayoría de ellos se lanzó a la muerte desde arriba del promontorio."
Me dejó una honda impresión y tiré de fuentes para averigüar, que según testigos de los hechos no fue un suicidio tal y como los libros de texto de historia de Japón trataron de exponer llanamente: según un pasaje revisado, los okinawenses simplemente se suicidaron en forma generalizada o se sintieron obligados a hacerlo. Sin embargo, ¿quién los hizo sentir así? tras la muerte de estas personas, hubo más que un suicidio masivo... mucho más.

El reverendo Shigeaki Kinjo cuando tenía 78 años comentó que:"Si los soldados japoneses no hubieran estado ahí, los suicidios masivos nunca habrían ocurrido", dijo Kinjo, que además confesó que decidió no suicidarse después de ver que los soldados no lo estaban haciendo.

Los soldados del ejército imperial japonés les habían metido en la cabeza que las tropas estadounidenses victoriosas violarían a todas las mujeres locales y pasarían los tanques encima de los hombres. Por eso, Kinjo y otros en su aldea, aquí en Okinawa, pensaron que la muerte era su única opción.
Una semana antes del desembarco de las tropas estadounidenses y el inicio de la Batalla de Okinawa, en marzo de 1945, soldados japoneses estacionados en su aldea dieron a los hombres dos granadas de mano a cada uno con la instrucción de arrojar una contra los estadounidenses y después matarse con la otra.
"Mi hermano mayor y yo golpeamos a nuestra madre, que nos trajo al mundo, hasta matarla", dijo Kinjo en una entrevista en la iglesia central de Naha, donde era ministro senior. "Yo lloraba, claro está. También dimos muerte a golpes a nuestro hermano y hermana menores".
En el refugio donde se hallaba Toshinobu Nakazato, otro superviviente de la guerra, los soldados japoneses entregaban a las familias bolas de arroz envenenadas. En lugar comerlas, huyó a las montañas donde murió su hermano menor. Confesó que decidió no suicidarse después de ver que los soldados no lo estaban haciendo.
Todas las guerras son algo terrible, terrible...
aoi

30 octubre 2009

La leyenda de Urashima Taro: el buen pescador y la tortuga:

Una de las leyendas más divulgadas en Japón, y que sirve a modo de lección para con los hijos es la Leyenda de Urashima Taro, que paso a relataros...

Urashima vivió, hace cientos y cientos de años, en una de las islas situadas al oeste del archipiélago japonés. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores. Una red y una barquichuela constituían toda su fortuna. Sin embargo, el matrimonio veía compensada su pobreza con la bondad de su hijo Urashima.

Y sucedió que cierto día el muchacho caminaba por una de las calles de la aldea, cuando de pronto vio a unos cuantos chiquillos que maltrataban a una enorme tortuga. De seguir de aquel modo, hubieran acabado por matarla y Urashima decidió impedirlo. Se dirigió a los chicos y reprendiéndoles por su mala acción, les quitó la tortuga. Cuando la tuvo en sus manos, pensó dejarla en libertad y para ello fue hacia la playa. Una vez allí, la llevó a la orilla y la dejó en el mar. Vio cómo la tortuga se alejaba poco a poco y cuando la perdió de vista, Urashima regresó a su casa. Sentía una gran satisfacción por haber librado al animal de sus pequeños verdugos.
Transcurrió algún tiempo desde aquel día. Una mañana, el muchacho se fue a pescar. Tomó el camino que conducía a la playa y cuando llegó puso la barca en el agua, montó en ella y remó mar adentro. Llevaba largo rato remando y perdió de vista la orilla; decidió echar al agua su red y cuando tiró para sacarla, notó que le pesaba más que de costumbre. Logró subirla y con gran sorpresa vio que dentro de la red estaba la tortuga que él mismo echó en el mar, la cual, dirigiéndose a él, le dijo que el rey de los mares que había visto su buen corazón, la enviaba para conducirle a su palacio y casarle con su hija, la princesa Otohime. A Urashima le entusiasmaban las aventuras y accedió muy gustoso. Juntos se fueron mar adentro, hasta que llegaron a Riugú, la ciudad del reino del mar. Era maravillosa. Sus casas eran de esmeralda y los tejidos de oro; el suelo estaba cubierto de perlas y grandes árboles de coral daban sombra en los jardines; sus hojas eran de nácar y sus frutos de las más bellas pedrerías. Hacia los asombrados ojos de Urashima avanzaba una hermosísima doncella: era Otohime, la hija del rey del mar. Le recibió como a un esposo y juntos vivieron varios días en una completa felicidad. Todos colmaban al pescador de todo género de atenciones, y entre tanta delicia, Urashima no sintió que el tiempo pasaba. No podía precisar desde cuándo estaba allí. ¿Para qué había de saberlo? No debía importarle. La vida en aquel lugar maravilloso le parecía inmejorable; nunca pudo soñar nada semejante.

Pero sucedió que un día se acordó de sus padres. ¿Qué sería de ellos? Sin duda sufrirían mucho sin saber lo que había sido de él. Y desde aquel momento la tristeza se apoderó de todo su ser. Nada lograba distraerle; ya no encontraba aquel lugar tan encantador y hasta le pareció menos bello. Sólo deseaba una cosa: volver junto a sus queridos padres. Y así se lo comunicó una mañana a su esposa, cuando ésta procuraba por todos los medios averiguar la causa de su pena. Al decirle Urashima lo que quería, Otohime se entristeció; procuró convencerle de que se quedara junto a ella, pero nada logró. El pescador estaba firme en su propósito. Así, pues, prometió volverle a la aldea y con un lúcido cortejo le acompañó hasta la playa. Cuando al fin llegaron, la princesa entregó a Urashima una pequeña caja de laca, atada con un cordón de seda. Le recomendó que, si quería volver a verla, nunca la abriese. Después se despidió de él y con su acompañamiento se internó en el mar.

Pronto Urashima la perdió de vista. Con la cajita en sus manos, miraba fijamente a las aguas. Así estuvo algún tiempo; después recorrió la playa. De nuevo estaba en su pueblecito. Las mismas arenas, las rocas de siempre, el mismo sitio donde de pequeño tantas veces había ido a jugar; le parecía que su vida en la cuidad del mar había sido un sueño. Qué lejos todo aquello! Entonces encaminó sus pasos hacia su casa; pero cuando entró en la aldea no supo hacia dónde dirigirse. La encontraba completamente cambiada: no la reconocía. Las casas eran más grandes; tejados de pizarra habían sustituido a los que él vio de paja. La gente se vestía con vistosos quimonos bordados. Parecía otro lugar. Sin embargo, era su pueblo; estaba seguro. La misma playa, las mismas montañas. Sólo las casas y la gente habían cambiado.

Entonces decidió preguntar a unos muchachos en dónde se encontraba la casa del pescador Urashima, puesto que éste era también el nombre de su padre. Los muchachos no supieron responderle; no conocían a tal pescador. Entró en un comercio e hizo igual pregunta al dueño; pero le dijo lo mismo que los chicos: nunca había oído hablar de tal pescador y eso que creía conocer a todo el pueblo. En esto acertó a pasar por allí un hombre que debía de tener muchos años, a juzgar por su apariencia. Era conocido por saber mil historietas antiguas del pueblo y conocer las vidas de sus antiguos habitantes. Urashima se dirigió a él, por indicación del dueño de la tienda y le preguntó dónde estaba la casa del pescador Urashima. El viejo no contestó; se quedó un momento pensativo y al cabo de un rato dijo que casi lo había olvidado, porque habían pasado más de cien años desde que murió el matrimonio. Su único hijo, decían que un día salió a pescar y a partir de entonces nadie volvió a saber lo que le sucedió. Urashina empezó a comprender: mientras vivió en la ciudad del mar había perdido la noción del tiempo. Lo que le habían parecido sólo unos cuantos días habían sido más de cien años.

No supo qué hacer; se encontraba completamente solo en un pueblo que, aunque era el suyo, le era absolutamente extraño. Entonces se dirigió a la playa; puesto que había perdido a sus padres, volvería con la princesa Otohime. Pero ¿Cómo llegar a ella? En su precipitación por ver a sus padres, olvidó, cuando se despidieron, preguntarle de qué medio se valdría para volver a verla. De pronto, recordó la cajita que tenía entre sus manos; se olvidó de que no debía abrirla y pensó que, haciéndolo, quizá pudiera ir junto a Otohime.

Desató sus cordones y la destapó. Al instante salió de ella una nubecilla que se fue elevando, elevando, hasta perderse de vista. En vano Urashima intentó alcanzarla. Entonces recordó la recomendación de la princesa; su atolondramiento le había perdido. Ya no volvería a verla. De pronto sintió que sus fuerzas le abandonaban, sus cabellos encanecían, innumerables arrugas surcaron su piel; su corazón cesó de latir y al fin, cayó al suelo. Cuando a la mañana siguiente fueron los muchachos a bañarse, vieron tendido en la arena a un hombre decrépito, sin vida. Era Urashima que había muerto de viejo.

Todavía hoy algunos pescadores de ciertos pueblos del Japón cuentan a sus hijos, la leyenda del pescador Urashima, para que no sean distraídos.

29 octubre 2009

XV Salón del Manga: en La Farga (L'Hospitalet del Llobregat):


Hola a todos, los amantes del manga están de enhorabuena, pues se ha celebrado en Barcelona (LA FARGA - L'Hospitalet del Llobregat ) la XVa. Salón del Manga desde 28.09.09-01.10.2009. Según los organizadores se han contabilizado unos 60.000 visitantes.

Se dan cita no sólo los fans aficionados del manga, sino del anime y diferentes "tribus" urbanas de estética japonesa.

También hay actividades multimedia como Kareoke, comida japonesa, conferencias sobre manga, proyecciones, entrevistas con autores españoles que crean en este género... Si os acercáis podréis ver a diferentes autores como:
Isseu Eifuku y Taiyou Matsumo, Ken Niimura; Luis Royo; Jun Matsuura, etc...

Este año, la tendencia ha sido globalizar: no sólo presentar los manga a palo seco sino rodear este entorno favorable para tratar de introducirnos en la cultura japonesa por diferentes vías: la moda, música (la cantante Yuka), gastronómica, idiomática, y artística en general.
Àrea Nippon: es un espacio dedicado a la lengua japonesa donde encontrarás talleres, charlas y otras actividades relacionadas con el japonés y el manga. Los cursos de Área Nippon son básicos: no hace falta haber estudiado japonés para apuntarse. Puede participar cualquier persona interesada en aprender japonés, que ya tenga algún conocimiento o simplemente curiosidad por la lengua. Podrás participar en talleres de introducción al japonés y en actividades como escritura de kanji, prácticas de hiragana y katakana, charlas sobre Japón y muchas otras sorpresas.
Concepto y metodología de los cursos de idiomas: María Ferrer María Ferrer es autora de la colección Japonés para Gente Manga, traductora y experta en cultura japonesa. Los cursos de Àrea Nippon están diseñados según su método: aprender las nociones básicas de la lengua leyendo manga. Hace tres años fundó Àrea Nippon y desde entonces es responsable de contenidos didácticos de japonés en el Salón del Manga.
Si os habéis pasado por el salón... podéis enviar fotos que las colgaremos con comentarios vuestros.

Un saludo, jaa ne.
aoi.

27 octubre 2009

kenzaburo Oé y Yasunari Kawabata: la modestia de los premios nobel literatura japonesa:

He encontrado una opinión de Oé Kenzaburo en relación a la concesión del premio nobel con que fue galardonado en 1994 y me gustaría exponerla por aquí:

"Me ha sido otorgado este premio por estar vivo, ya que Mori Ogai lo merece claramente"

Mori Ogai creo recordar murió en 1993. Pero lo corroboraré. Este gesto de reconocimiento de otro genio de la literatura, me recuerda a otro homenaje que hizo Kawabata en la misma situación que él unos años antes:

" No comprendo cómo me han dado a mí el Nobel existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras."

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